Café de olla, sabor revolucionario

Se trata de una faceta de la infusión cafetera relativamente jóven. Su origen se ubica en la segunda década del siglo XX, tiempos de la Revolución mexicana. La receta básica sólo contempla café, piloncillo y canela. Cuando no hay ni ollas ni jarras de barro para prepararlo, puede emplearse una cafetera de filtro de papel. Se desaconseja agregar mucho piloncillo al filtro porque ahí no se disuelve como en el método tradicional.

Café de olla, sabor revolucionario

Se desconoce el momento preciso en que el café llegó a México. Sabemos que desembarcó, a finales del siglo XVIII, en el puerto de Veracruz y que el pueblo mexicano lo acogió con gusto. Tanto que ya acumulan dos siglos de fructífera convivencia.

Siempre que un producto novedoso se introduce en la cotidianidad de un lugar, hay margen para que la inventiva de esos nuevos consumidores le otorgue un toque local.

La mejor muestra de ello, hablando del país norteamericano y de los granos de la bebida favorita del mundo, es conocida como café de olla.

Se trata de una faceta de la infusión cafetera relativamente jóven.

Su origen se ubica en la segunda década del siglo XX, tiempos de la Revolución mexicana.

Cuenta la leyenda que las soldaderas, mujeres que acompañaban a los combatientes, añadían canela y piloncillo al café que preparaban para los varones.

De ese modo agregaban sabor y dulzura a la carga de cafeína. El resultado era muy apreciado por quienes debían estar siempre atentos al siguiente asalto.

El nombre se tomó del recipiente en que se ponía al fuego: una olla de barro.

En esos tiempos (y esto persiste en varios establecimientos que lo ofertan hoy día) se servía en tazas o jarros del mismo material.

La receta básica sólo contempla los dos ingredentes ya mencionados.

Fórmulas más libres agregan clavo y/o cáscaras de naranja o de limón.

Para obtener una bebida como la que hacían las soldaderas, también conocidas como adelitas, hay que emplear una olla, eso es evidente.

Ojo, no cualquier café molido se lleva con este modo de preparación.

Procuremos emplear un granulado de tamaño medio a grueso, similar al que se usa en una prensa francesa.

Un polvillo demasiado fino será difícil de colar.

PREPARACIÓN

En primer lugar, ponemos la olla con agua al fuero y  agregamos el piloncillo para que se disuelva. Esperamos unos minutos.

Ya que el líquido esté caliente añadimos el clavo y la canela.

Una vez disuelto el piloncillo, agregamos el café.

Dejamos la olla a fuego manso unos diez minutos.

Apagamos la flama y damos a la mezcla unos minutos de reposo, mínimo cinco.

Luego, al momento de servir, lo filtramos con un colador y listo.

CON CAFETERA

Cuando no tenemos ni ollas ni jarras de barro, podemos dar satisfacción al deseo de probar una taza de café estilo revolucionario mediante una cafetera de filtro de papel.

La forma más simple consiste en colocar en el filtro el grano molido, el clavo, la canela y un pedazo de piloncillo.

Echamos a andar el aparato y el resultado de nuestro esfuerzo mínimo se colará en el dispensador.

No se obtendrá el mismo sabor que al emplear un contenedor de barro puesto al fuego, pero, la bebida tendrá notas distinguidas que le darán un tono distinto al habitual.

Además, siempre está la opción de ajustar las proporciones para obtener tazas humeantes que estén hechas a la medida de nuestro paladar.

Por ejemplo, hablando del molido, lo usual es emplear dos cucharadas de café por  cada dosis que será servida. Hay quien prefiere una sola cuchadrada muy copeteada.

Se desaconseja agregar mucho piloncillo al filtro porque ahí no se disuelve como en el método tradicional.

Hay quienes prefieren colocar la canela, el piloncillo y el clavo en la jarra de vidrio de la cafetera. Ponen el granulado en el filtro de papel, encienden el equipo y el líquido oscuro comienza a bañar las especias.

Concluido el filtrado, mezclan con cuchara el contenido de la jarra y dejan que la sustancia repose unos diez minutos.

Otros primero preparan un té de canela, lo dejan enfriar y enseguida lo ponen en el tanque de agua del aparato. Esa agua es la que interacciona con granos, piloncillo y clavo.

Se trata de una receta identificada con colores, olores y sabores muy del gusto de los mexicanos.

El café de olla demuestra de forma deliciosa la capacidad de la bebida oscura para adaptarse a los gustos y las necesidades de los pueblos que le abren las puertas de sus hogares.

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