Café en casa, en el trabajo, para llevar

La versatilidad del deleite oscuro se manifiesta no sólo en la infinidad de mezclas existentes y en las formas en que puede ser preparado, también en su adaptabilidad, una que le permite hacernos compañía en casa, en el trabajo, en la calle, en cualquier lugar. Un buen café no tiene sustituto, salvo otra dosis cafetera de alta calidad. El recorrido de los granos desde la tierra que los produce hasta las cafeteras a nuestro alcance es sólo la continuación de una marcha triunfal iniciada en Etiopía. Hoy, los granos del cafeto se han convertido no sólo en la bebida favorita del planeta, sino en una fuente de sustancias buenas para la salud, claro, siempre que se ingiera con moderación.

Café en casa, en el trabajo, para llevar

Cientos de millones de personas en todo el mundo tienen el hábito de tomar café todos los días.

Lo beben en casa, en la oficina, en una cafetería, en la calle.

Disfrutan de él en familia, con los amigos, junto a los compañeros de trabajo, también a solas.

Beber deleite oscuro en solitario endulza el paladar y relaja el cuerpo; en el colectivo, constituye un excelente estímulo para la interacción social.

El café se extendió por el planeta desde las tierras altas de Etiopía.

Empezó a ganar partidarios en territorios como Egipto, Yemen, Persia, Turquía, el norte de África y de ahí se embarcó hacia Italia, donde recaló en puertos venecianos.

Conquistó Europa y continuó su marcha triunfal en las Américas.

En sus inicios, fue empleado como sustituto del vino en varias prácticas espirituales. Ese uso, tan religioso, pronto quedó desfasado.

El resto de la historia ha convertido a las tazas humeantes en la bebida más popular del planeta, con perdón de los refrescos y los alcoholes.

Preparar un café es el resultado final de una serie de procesos que comienza con la cosecha, generalmente hecha a mano, que separa a las cerezas de las ramas de los cafetos.

Enseguida, viene la parte en que se extraen los granos de sus envoltorios naturales.

El siguiente paso, fermentar los lotes cafeteros, elimina la capa viscosa que cubre a las semillas; se complementa con el lavado de las judías, que elimina los residuos de la fermentación.

Luego vienen el secado y la clasificación del valioso producto.

El siguiente proceso es el tostado. Esta tarea requiere sumo cuidado. La torrefacción influye de forma decisiva en el sabor del grano. Bajo el influjo del fuego, ocurren incontables cambios físicos y químicos en las semillas.

Ya molido, filtrado y servido en una taza, el deleite oscuro acarrea considerables beneficios para la salud gracias a las miles de sustancias que contiene.

Una de ellas, la teofilina, reduce los síntomas del asma.

También guarda antioxidantes naturales que eliminan radicales libres, lo que ayuda a prevenir daños a nivel celular y reducir el riesgo de tener cáncer.

Algunos estudios sugieren que disminuye las posibilidades de sufrir enfermedades como el Parkinson, Alzheimer, cirrosis hepática, gota, males cardíacos y diabetes tipo 2.

Otro frente en el que realiza una labor nada desdeñable es el de la salud mental, cuando se trata de combatir la depresión.

Muchos individuos le confían la tarea de “animarlos” todas las mañanas.

En el tema deportivo, existen testimonios de atletas que beben tazas humeantes para mejorar su resistencia física y como parte de la recuperación posterior a una competencia o una ardua sesión de ejercicio.

La ciencia ha demostrado que introducir en la jornada laboral un descanso para tomar café beneficia a los trabajadores, los estimula para que sean más productivos y contribuye a que sus mentes funcionen con precisión.

Cabe mencionar que su consumo excesivo acarrea algunos efectos negativos. Los más sonados son atribuidos al alcaloide más famoso presente en los granos: la cafeína, compuesto que genera adicción y en un momento dado puede causar rigidez en las paredes de las arterias.

Se impone introducir en el hábito cafetero la vara de la moderación. El exceso conduce a escenarios de insomnio, arritmia, agitación psicomotora, incluso osteoporosis.

Una razón de peso para explicar la popularidad del café es su versatilidad.

Puede servirse negro, sin añadidos, con azúcar o crema, o ambos.

Hay bebibles cafeteros calientes y fríos. Cuando se sirve una fórmula con baja temperatura se llama café helado y proporciona un placer sumamente atractivo en verano.

Ya sea que se sirva humeante o con hielo, esencias, jarabes, licores y una larga lista de ingredientes contribuyen a forjar su deliciosa leyenda.

Hay opciones para todos los gustos; tan clásicas como chocolate, vainilla, avellana y almendra; menos famosas como amaretto, caramelo y kona;  crema irlandesa, licor de cereza y kahlúa son otros líquidos que combinan bien con el deleite oscuro.

Ante ese panorama, no es inusual que tengamos problemas para responder a la pregunta de cual es nuestro café favorito.

El debate para dar una sola respuesta es simplemente maravilloso.

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