Café y salud estomacal

El café puede contribuir a alterar la buena marcha de los asuntos digestivos de un organismo. Para prevenir padecimientos del vientre, la moderación es esencial. Otro factor fundamental es prestar atención al cuerpo. Nuestro organismo nos indica con facilidad cuáles son los momentos del día en que podemos satisfacer la adicción cafetera sin comprometer los mecanismos digestivos. También nos marca cuáles son las mejores horas del día pensando en mantener un balance satisfactorio entre recarga energética y salud estomacal.

Café y salud estomacal

Bajarle el consumo de café regular, o sacarlo de mi dieta por unos días, en razón de la salud estomacal es una decisión que suelo tomar cada cierto tiempo.

No es algo que me cause placer. Las tazas humeantes forman parte de mi cotidianidad desde la infancia.

A lo largo de mi vida adulta, el deleite oscuro me ha proporcionado un impagable estímulo para salir cada mañana a realizar las actividades de la jornada con energía y actitud.

Sin embargo, las prisas cotidianas, el estrés, descuidar la dieta y demás factores nocivos han terminado por convertirme en un cliente frecuente de la gastritis.

Por esa vía he llegado más de una vez a consulta y cada que pregunto “¿Café?”, el médico me responde “No”.

Se trata más bien de una rutina de la que hago cómplice involuntario al doctor. Desde la primera vez me quedó claro que el vino de los granos es una bebida irritante, por la cafeína y por otras sustancias menos publicitadas.

Esa reacción al café puede ser muy problemática para alguien como yo, un adicto a mezclas de la casa que ofrecen al paladar un cuerpo fuerte, sustancial, ni tan cargado como un espresso, ni tan ligero como un americano.

Como no puedo renunciar a la taza humeante, no queda de otra que tomar precauciones.

Sé que, desde el punto de vista de la salud estomacal, despertar a un nuevo día y preparar café no es una secuencia recomendable.

Me he propuesto no tomarlo jamás en ayunas.

Uno de los miles de componentes de la bebida favorita del mundo, el ácido clorogénico, posee la facultad para inflamar las paredes del estómago.

Cuidar la buena marcha de los asuntos a la altura del vientre exige que haya algún comestible cerca para reducir el impacto de esa sustancia y una producción excesiva de ácidos estomacales.

Esto, desde luego, tiene sus inconvenientes. La carga energética que brindan los granos es mucho más eficiente cuando se toma así, a primera hora.

Uno de mis grandes logros en este rubro ha sido postergar la primera taza del día unas horas, hasta pasadas las diez de la mañana.

Conocer la experiencia de amigos y conocidos que también cultivan la adicción cafetera me ha hecho darme cuenta de que, a pesar de mis problemas gástricos, soy afortunado.

Un camarada, por ejemplo, cada que toma una dosis humeante experimenta inflamación en el vientre, con la incomodidad que eso conlleva. Otros padecimientos comunes son los espasmos intestinales y la distensión estomacal.

Gracias a nuestras charlas me ha quedado claro que beber café en exceso tiene mucho que ver con esos males.

De ahí que ahora cultivo la moderación. Ya no bebo más de tres tazas al día y siempre con algunas horas de diferencia entre una y otra.

Así como conozco los riesgos que entraña el vino de los granos, algo sé de sus beneficios.

Además de la recarga energética que brinda, es beneficioso a nivel metabólico y cardiovascular.

Otro resultado de esa mezcla de adicción y precaución sintetizada en mi persona es que en casa siempre hay una reserva estratégica de descafeinado.

Aunque no es un molido de especialidad, cumple con suficiencia su papel: dar satisfacción al sentido del gusto sin comprometer en demasía los engranajes del aparato digestivo.

Uno debe poner de su parte para que sentirse bien y beber café sean actos complementarios y no excluyentes entre sí.

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