¿Cómo llevar una cafetería hacia el éxito?

Muchos emprendedores dicen, sin faltar a la verdad, que manejan un negocio propio, pero sólo una pequeña cantidad de ellos puede afirmar, con toda honestidad, que su empresa es exitosa. Tener el mejor producto, precios al alcance de cualquier bolsillo y ganas de triunfar no son materiales suficientes para construir la prosperidad deseada. Conocer el concepto de experiencia de consumo, por ejemplo, cambia la óptica de lo que debe ser un negocio.

¿Cómo llevar una cafetería hacia el éxito?

Hace ya más de 20 años escuché el llamado del café.

No era la voz típica que celebra su aroma, su sabor, o la recarga energética que produce.

Me dijo que en la bebida negra como la noche, caliente como el infierno y dulce como el amor había una oportunidad de negocio.

En esos días tenía capital, conocimientos del producto y pasión por la cultura del café.

Superar la fase de gestación del negocio, tarea que se le complica a muchos emprendedores, no me generó mayor dificultad.

Así, concreté una de las mejores ideas que he tenido a lo largo de mi vida.

A partir de ahí, el camino ha sido menos plano de lo que pensaba.

De los errores y tropiezos acumulados en la ruta he extraído una lección que resulta difícil asimilar en carne propia.

Esa lección es:

Muchos emprendedores dicen, sin faltar a la verdad, que manejan un negocio propio, pero sólo una pequeña cantidad de ellos puede afirmar, con toda honestidad, que su empresa es exitosa.

En mi caso, aprendí por la vía ardua que tener el mejor producto, precios al alcance de cualquier bolsillo y ganas de triunfar no eran materiales suficientes para construir la prosperidad que deseaba.

Durante algún tiempo me pregunté que era lo que no terminaba de cuajar.

La calidad de mis productos era buena, mi carta ofrecía bebidas y alimentos atractivos que gustaban muchos a los clientes y que no se conseguían en ningún otro lugar, mi personal brindaba a los consumidores una atención más que decente.

Sin embargo, no tenía el flujo de ingresos que, según yo, ameritaba mi espléndido local.

Comencé a preocuparme. Después de todo, había invertido en aquel negocio todo el capital del que disponía (menos mal que no tuve que endeudarme).

La siguiente preocupación en alcanzarme fue que el balance de las cuentas tampoco era el mejor.

Inquieto y con malestar, recurrí a amigos a los que sabía que les iba bien con sus empresas.

De ellos no obtuve sino un par de consejos.

Eran muy cuidadosos de compartir los secretos de su éxito.

Siguiendo los consejos puse más atención a la forma en que funcionaba mi negocio y empecé a platicar con mis clientes.

No les diré todo lo que descubrí porque esto se alargaría demasiado.

Una de las cosas que más me sorprendió de hablar con quienes compraban mis productos fue que la atención que recibían no era tan buena como yo creía.

Ese fue uno de los primeros rubros que me enfoqué en mejorar.

Cuidar que la preparación de las bebidas y alimentos fuera tan rápida como eficiente, mantener limpio el establecimiento (en particular de los baños), tratar con respeto y no desentenderse de los clientes una vez que se sientan a la mesa, son algunas de las cosas que, desde aquel entonces, han hecho maravillas por mi empresa.

Conocer el concepto de experiencia de consumo cambió mi óptica de lo que debía ser el negocio.

Con eso en mente, introduje un sistema de recompensas para los asiduos al local.

En cuanto a la administración, lo primero que me propuse fue asegurar el equilibrio entre ingresos y gastos; lo segundo, obtener ganancias suficientes para vivir sin sobresaltos y, por qué no, obsequiarme unas buenas vacaciones.

Lograda el segundo objetivo. Me fui. Luego de tan merecido descanso, el negocio me recibió con una temporada baja que nunca he olvidado.

Gracias a ella, y a las penurias que atravesé durante ese tiempo, reparé en que, para tirarse a la hamaca, no basta con tener la maquinaria debidamente afinada.

Caí en la cuenta de la necesidad de reinvertir el dinero ganado en aumentar el tamaño de mi operación.

En cuanto volví a reunir suficientes recursos ya no me fui de vacaciones.

Destiné parte del dinero a mejorar la atmósfera de mi cafetería, a crear un ambiente que invitara a la relajación, a pasar el rato en una comodidad superlativa que invitara a seguir consumiendo.

Otra parte del billete sirvió para diversificar la carta y tener bebidas calientes o frías no sólo de café, y manejar, además de bocadillos, un par de platillos en toda regla.

Quizá lo que quiero decir, en síntesis, es que una cafetería no es una empresa mágica que hace brotar las ganancias de la nada.

Hay que dedicarle tiempo tiempo y esfuerzo.

Por muy bueno que sea el producto que manejes, el negocio no crecerá por sí mismo.

Cabe mencionar que durante años batallé mucho con el tema de la administración.

Hay que tener capacidad para tener siempre presentes las salidas de efectivo regulares: renta, nómina, pagos a proveedores, servicios básicos.

Y como reza una máxima: el negocio es para tenerlo abierto. Más en el caso de una cafetería.

Hay quienes toman su café tan pero tan temprano que todavía no canta el gallo o tan pero tan tarde que ya es de noche.

Más aspectos a tratar para conducir a una cafetería hacia el éxito son el desarrollo de estrategias dirigidas a atraer clientes y cómo organizar al personal de modo que brinde la mejor atención al consumidor.

Son temas que abordaré en otra ocasión. De preferencia, luego de beber un buen café.

What's Your Reaction?

like
1
dislike
0
love
0
funny
0
angry
0
sad
0
wow
0