Confesión de un vendedor de café instantáneo

El gusto por la bebida oscura no conoce de profesiones. Este es el testimonio de un adicto al vino de los granos que vende tazas de café instantáneo en su local, pero ni loco bebe la marca que oferta a su clientela.

Confesión de un vendedor de café instantáneo

A lo largo de mi vida he tenido muchos empleos. Ahora mismo recuerdo una decena.

Cuando era estudiante-trabajador, vestí los colores de un par de restaurantes y de una cafetería.

En esta última adquirí el inefable gusto por el café de grano.

Antes, solía apreciar los efectos del granulado instantáneo, especialmente por la mañana.

Era lo único que conocía en materia cafetera.

Después de probar espressos, capuchinos, cafés mocas, cafés latte, turco y demás tragos de la carta de aquel añorado local, ya inexistente, mi paladar no volvió a ser el mismo.

Cuando terminé la universidad, ejercí mi profesión (diseñador gráfico) por algún tiempo.

La verdad, pronto me di cuenta de que no había futuro en las empresas con las que me contrataba, no para mí.

Por eso, elaboré un plan.

Fuí el mejor empleado que pude en una firma de mercadeo.

Ahorré cada peso que pude durante un par de años.

Cuando reuní lo suficiente, decidí mudar de actividad productiva.

Conseguí un par de socios y en sociedad con ellos abrí un puesto de tacos en una excelente ubicación, en el centro de la ciudad.

Los inicios fueron complicados.

Pasar por la etapa de acreditar un negocio siempre es difícil.

Con empeño y disciplina logramos sortear las vacas flacas.

Ahora las cosas marchan mejor.

Ya se manifiestan mejores ingresos y mayor estabilidad.

Además de tacos, vendemos refrescos, aguas de sabores y café instantáneo.

De forma por demás egoísta he intentado contagiar a mis socios la idea de adquirir una buena cafetera, una Gaggia o una Breville.

No lo he conseguido.

Al analizar la cuestión, me doy cuenta de que no existe una justificación plena para lo que pretendo.

Es decir, lo nuestro, lo que nos deja, es preparar tacos, de cabeza, al pastor, de carne asada, etcétera, y mayoría de nuestros clientes prefiere acompañar su comida con alguna bebida dulce.

Aquellos que ingresan a nuestro local y piden una taza de café son más bien escasos, pero los hay.

Por eso he trazado un plan.

Voy a ahorrar cada peso que pueda para adquirir una cafetera e instalarla en el local.

Sé muy bien que, posiblemente, esa incorporación no resulte muy rentable.

También tengo claro que seré feliz porque estará a mi alcance una dosis cafetera de alta calidad.

De momento, hacerme cargo de las compras de materias primas para la taquería me da la oportunidad de salir del establecimiento con frecuencia, al menos una vez al día.

En cada vuelta que me doy para ver proveedores, hago una escala en Java Times Caffé.

Cuando el calor anda con ganas, un javaccino es la divina respuesta a mis plegarias.

Cuando el fresco pide abrigo, un latte me ayuda a entrar en calor y a deleitar mi paladar.

Adquirir la cafetera, lo veo claro, no afectará mi hábito cafetero, no a la baja al menos.

Es muy alta la probabilidad de que siga acudiendo a Java Times Caffé en busca de alguna bebida dictada por mi antojo.

Una diferencia es que, de cuando en cuando, saldré de mi cafetería favorita cargado con un cuarto o medio kilo o un kilo de grano molido.

Puedo cambiar de profesión, abrir un local con venta de café, conocer el éxito como emprendedor, preparar la expansión de mi marca y montar una cafetera en cada establecimiento que inaugure junto a mis socios.

Lo que no puedo, ni deseo, modificar es el gusto con el que acudo a ese local donde preparan las dosis del vino de los granos que tanto me agradan con esa mezcla de la casa que tanto disfruto.

En materia de café, soy fiel a la excelencia.

Conoce más en:

https://javatimescaffe.com/blog/cafeteras-gaggia-excelencia-al-servicio-de-sus-granos

https://javatimescaffe.com/blog/consejos-de-un-bebedor-de-cafeina

https://javatimescaffe.com/blog/una-taza-de-cafe-llena-de-historias

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