Efectos de la cafeína en los adictos al café

Compartir experiencias, comentarios y recetas con personas que beben café ayuda a extraer la mayor satisfacción de nuestra bebida favorita. Sin embargo, para tener claros los efectos de la estimulante bebida en los individuos hay que prestar atención a notas de corte científico. Así podemos conocer un poco más, por ejemplo, de la acción que eferce la cafeína cuando interacciona con la química del organismo. De lado negativo hay cosas como ansiedad, nervios, taquicardia. Del positivo, mayor energía, concentración, y una mejora de la memoria. La clave está en hallar la medida de consumo apropiada para nuestro ser.

Efectos de la cafeína en los adictos al café

Como entusiasta del café, me gusta compartir experiencias, comentarios y recetas con personas que comparten mi adicción.

Tema recurrente de esas charlas es el insomnio que produce la incapacidad para privarse de una deliciosa taza humeante antes de ir a la cama.

Sé que se debe a la cafeína, el componente más conocido entre las miles de sustancias guardadas en los granos del cafeto y el que recibe, de lejos, la peor publicidad.

Conozco, desde luego, los efectos negativos del alcaloide (la taquicardia o los dolores de cabeza, por ejemplo). También sé que la mayor parte de ellos están asociados con el consumo excesivo.

Para un apasionado del café como yo, es todo un reto mantener a raya el deseo de tomar otra taza, limitarse a ese nivel adecuado que me permite extraer los beneficios del bebible sin sufrir los resultados de la sobrecarga.

Por fortuna, mi rutina incluye actividades físicas y mentales suficientes pensando en desahogar el refuerzo cafeínico presente en tres o cuatro dosis del deleite oscuro. Quizás en unos años ya no sea así.

Seguro mi organismo me lo hará saber.

Escuchar anécdotas de amigos y conocidos que son en extremo sensibles a los efectos del alcaloide me hace sentir muy afortunado.

Hablan de ansiedad, náuseas (por lo general asociadas al consumo de una taza de café sin antes haber comido algo), aumento del ritmo cardíaco y hasta depresión.

Como suelo realizar búsquedas de granos y equipos cafeteros en internet, de cuando en cuando, mi celular me muestra notas interesantes sobre investigaciones relacionadas con la bebida de mis amores.

Así descubrí que la cafeína bloquea los efectos de la adenosina, neurotransmisor del cerebro que gusta de generar la sensación de cansancio.

Datos así ayudan a comprender por qué el deleite oscuro te abre los ojos cuando andas modorro.

Cabe mencionar que la adenosina también posee una propiedad calmante. Al inhibirla, por tanto, sobrevienen la ansiedad y los nervios.

El alcaloide también facilita la producción de dopamina, neurotransmisor que suele acompañar a aquellas actividades que nos causan placer.

Hay más, muchas más notas circulando. En varias he leído que beber café y té disminuyen el riesgo de padecer enfermedades hepáticas.

Me estimula saber que esas tres o cuatro tazas de café que tomo al día, además de ayudarme a cumplir con mis tareas cotidianas, reducen hasta un 44 por ciento las chances de sufrir males del hígado, en comparación con aquellos que no aceitan la maquinaria con el vino de los granos.

Un aspecto relacionado que llama mucho mi atención es el de los secretos guardados al interior de las semillas cafeteras.

Es decir, la especie humana ha viajado al espacio, ha producido vacunas contra la Covid a gran velocidad, incluso sabe cortar el ADN. Sin embargo, aún ignora qué sustancias están presentes en la bebida favorita del mundo. Se estima que hay más de tres mil componentes en los granos y apenas se han identificado cerca de mil.

Ese desconocimiento no me impide seguir disfrutando los beneficios que brinda el consumo de cafeína por vía cafetera.

Menos desde que leí sobre una investigación realizada en Austria sobre la cafeína y la memoria a corto plazo.

Los científicos descubrieron, tras analizar resonancias magnéticas funcionales (que muestran zonas de actividad cerebral) de los sujestos de estudio, que el alcaloide estimulaba las zonas del cerebro asociadas a la memoria y la atención: el lóbulo frontal y el cíngulo anterior.

Las personas analizadas fueron dividida en dos grupos.Uno de los conjuntos recibió cafeína y el otro, un placebo.

Evidencia previa había señalado que la cafeína ayuda a la memoria a corto plazo, pero sólo a propósito de un tema en el que la gente ya está pensando cuando ingiere la estimulante dosis.

A partir de esas lecturas no es difícil concluir que el balance de la química cerebral es un asunto que todo amante del café debe cuidar, sobre todo si, como es mi caso, el adicto a las tazas humeantes no desea perder la sensibilidad hacia las sustancias excitantes que produce el organismo, como la adrenalina.

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