El ABC del café orgánico

Cultivado sin uso de fertilizantes o pesticidas químicos, el café orgánico mejora las condiciones de vida de los pequeños cafeticultores al permitirles recibir, cada que se vende su producto, estímulos que de otro modo no obtendrían. El volumen de semillas extraído de las fincas que adoptan prácticas orgánicas es significativamente menor al que se obtiene en una finca de las mismas proporciones que emplea métodos tradicionales. La compensación viene a la hora de que un consumidor adquiere la mezcla.

El ABC del café orgánico

La definición elemental describe al café orgánico como aquel que es cultivado sin uso de fertilizantes o pesticidas químicos.

Es decir, los cafetos sólo pueden nutrirse de los elementos presentes en el suelo, que es beneficiado con abonos orgánicos.

Para realizar control de plagas el cafeticultor emplea bioinsumos, productos fabricados a partir de extractos de plantas o bien de bacterias, insectos, hongos.

Cumplir estos requisitos exige más mano de obra y una mayor inversión de tiempo en la cosecha.

Obtener café orgánico es más caro que producir café tradicional.

Parte del compromiso del productor orgánico consiste en contribuir a la protección del medio ambiente. Al cultivar su café a la sombra presta varios servicios ecológicos.

Ayuda a reducir la emisión de gases de efecto invernadero, promotores del cambio climático, mejor conocido por su efecto de calentar el planeta.

Contribuye a recuperar suelos degradados.

Previene la deforestación.

Establece un microclima en un cafetal, lo que ayuda a proteger flora y fauna.

Las reglas del café orgánico permiten asentar un negocio sostenible y conservar ecosistemas y biodiversidad al mismo tiempo.

La luz solar juega un papel fundamental en la calidad y en la cantidad de los granos que sale de los cafetales.

El cultivo expuesto a los rayos del día sin nada que aminore su influjo puede causar que las plantas no reciban los nutrientes del terreno de forma balanceada.

Esto perjudica el cuerpo, la acidez, las propiedades de los granos recogidos.

En cuanto a la cantidad, está más que demostrado que la luz afecta el volumen de producción de un cafetal.

Bajo un clima favorable, la Coffea (planta de café) expuesta sin ningún tipo de filtro al sol tiene más floración que la crecida a la sombra.

Un cafeto que recibe luz directa da más frutos.

La cantidad de semilla extraída de las fincas que adoptan prácticas orgánicas es significativamente baja comparada con la de cafetales de dimensiones similares que emplean métodos tradicionales.

Se recoge, cuando mucho, un 70 por ciento del volumen de judías que sale de una granja del mismo tamaño que sí emplea sustancias químicas.

El café orgánico, el verdadero, porta un certificado que avale tal distinción.

Organismos y sistemas de certificación locales e internacionales se encargan de validar el producto.

Por ejemplo, el distintivo USDA ORGANIC impreso en el empaque significa que la mezcla cafetera fue elaborada con apego a las normas del programa de producción orgánica del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA por sus siglas en inglés) y que esto fue verificado por agentes acreditados ante esa dependencia.

Adquirir café orgánico mejora las condiciones de vida de los agricultores pequeños, que no pueden competir con las grandes marcas de la industria cafetera, al permitirles comercializar el fruto de su trabajo a un precio más alto y recibir estímulos que de otro modo no obtendrían.

Si la certificación va acompañada de la etiqueta de comercio justo, es seguro que el agricultor recibirá las bonificaciones por proveer servicios ambientales y no emplear ni fertilizantes, ni pesticidas químicos.

Con base en lo anterior podemos afirmar que el café orgánico es una alternativa que permite al cafeticultor incrementar las ventas de sus mezclas, obtener mayores ingresos y generar más trabajo en las localidades de las que se extrae la bebida oscura.

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