El antioxidante estrella del café

La presencia del ácido clorogénico está asociada al sabor amargo de algunas mezclas cafeteras. Es una de las razones que inscriben a la bebida oscura, según varios especialistas en nutrición, dentro de los alimentos funcionales. Refuerza la actividad antibacteriana y previene daños a nivel celular. Produce efectos similares a la cafeína, aunque con menos potencia. También se le atribuye un impacto salutífero sobre la microflora intestinal.

El antioxidante estrella del café

De las miles de sustancias presentes en los granos del café, y en las bebidas que se extraen de ellos, hay una que destaca por su potencia antioxidante: el ácido clorogénico.

En sentido estricto, ese nombre abarca una docena de variaciones de una misma fórmula molecular.

Del acomodo que tengan esos elementos dependen los efectos que produce.

La presencia del ácido clorogénico está asociada al sabor amargo de algunas mezclas cafeteras.

Es una de las razones que inscriben a la bebida oscura, según varios especialistas en nutrición, dentro de los alimentos funcionales.

Varios estudios han arrojado indicios de sus propiedades anticancerígenas. También se le atribuyen cualidades analgésicas, antiinflamatorias y para disminuir la fiebre.

Por su carga contra la oxidación está asociado con menor riesgo de padecer enfermedades tanto del cuerpo (cardiovasculares) como de la mente (Alzheimer). Contribuye a mantener a raya la hipertensión y a disminuir las opciones de producir cálculos biliares.

En teoría, puede ayudar a controlar la diabetes tipo 2. Sin embargo, los alimentos no lo proveen en cantidades suficientes pensando en prevenir, o en su caso tratar, el azúcar.

Tampoco hay evidencia concluyente de que influya de forma determinante en la reducción de peso.

Sus bondades en materia de salud no son tan efectivas frente a padecimientos crónicos porque una vez que ingresa al organismo se descompone muy rápido.

Sin embargo, esa desintegración acelerada no le impide reforzar la actividad antibacteriana. Con su programa antioxidación previene daños a nivel celular.

Como ocurre con muchas otras sustancias contenidas en las semillas de los cafetos, la comunidad científica aún ignora bastante sobre sus efectos en el organismo.

Por ejemplo, no hay un esquema preciso sobre la actividad metabólica que se desprende de su ingesta.

Sí sabemos que su presencia es mayor en los granos de Robusta. Dicha variedad llega a tener casi el doble de ácido clorogénico que su pariente Arábica.

También está comprobado que, a la fecha, el café verde es la principal fuente de este compuesto.

Las bayas tostadas ven mermada su carga de ácido porque, durante el tueste, bajo el influjo del calor, se transforma en otras moléculas.

En cuanto a los aspectos nocivos de su consumo, surgidos de la mano del exceso o de una sensibilidad especial a su presencia, se habla de efecto laxante, dolor estomacal, náuseas, vómito y diarrea. En algunos casos se ha registrado alergia a los granos de café verde.

Cabe mencionar que produce efectos similares a la cafeína, aunque con menos potencia, lo que, en un momento dado, puede traducirse en ansiedad, nerviosismo y aumento del ritmo cardíaco.

Porque es un hecho que cada vez más consumidores buscan alimentos que además de nutrirlos aporten beneficios para la salud, el café alza la mano con sus compuestos capaces de inhibir el desarrollo microbiano.

Además, en el caso que nos ocupa, se atribuye al ácido clorogénico un impacto salutífero sobre la microflora intestinal.

Este ácido benigno también está presente en manzanas, duraznos, mangos, uva, pera, ciruela, papa y lechuga.

Cuando se busca una forma de despertar a un nuevo día y al mismo tiempo tomar algo que aporte a la prevención de padecimientos vinculados al estrés oxidativo (cáncer, males cardiovasculares, enfermedades neurodegenerativas), el café y su familia ácida están ahí para proteger y servir.

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