El cafeto silvestre y el cafeticultor

Desde su salida de Etiopía, hace ya varios siglos, el consumo de café ha expandido su cálida sombra por todo el mundo. Hoy día, bosques de cafetos que crecen sin necesidad de intervención humana siguen siendo la principal fuente de producción en la nación africana. El crecimiento silvestre es posible en territorios tropicales y subtropicales que combinan abundancia de sol y de lluvia. Productores en cerca de 80 países han aprovechado para cultivar granos que guardan en su interior la bebida a la que una máxima turca describe en los términos siguientes: “Negro como el infierno, fuerte como la muerte y dulce como el amor”.

El cafeto silvestre y el cafeticultor

Desde su salida de Etiopía, hace ya varios siglos, el consumo de café ha expandido su cálida sombra por todo el mundo amasando una ingente cantidad de seguidores que le dedican uno o varios momentos de cada jornada.

Hoy día, bosques de cafetos que crecen sin necesidad de intervención humana siguen siendo la principal fuente de producción en la nación africana.

El crecimiento silvestre es posible en territorios tropicales y subtropicales que combinan abundancia de sol y de lluvia.

Zonas en cerca de 80 países han aprovechado para hacerse con los granos que guardan en su interior la bebida.

Una máxima turca describe al café en los términos siguientes: Negro como el infierno, fuerte como la muerte y dulce como el amor.

La mayor parte del líquido deleite proviene de una estrecha franja que tiene al ecuador por hilo conductor.

Productores, empresarios y consumidores han convertido a la bebida oscura en el segundo producto más comercializado del mundo, sólo superado por el petróleo.

Las transacciones cafeteras facturan cada año miles de millones de dólares.

Brasil es el principal productor de café. Cada año sale de su territorio, como mínimo, el 30 por ciento de los granos disponibles a nivel mundial.

En segundo lugar, a considerable distancia, 19 por ciento de la producción global, llega Vietnam.

Completa el podio, ya por debajo del 10 por ciento, un prestigioso destino cafetero: Colombia.

Enseguida aparecen países como Indonesia y México, 7 y 4 por ciento de forma respectiva.

Si bien los cafetos situados en altitudes de consideración son ideales para obtener los mejores granos, el arbusto del café se ha adaptado a un amplio abanico de regiones.

Brasil destina importante cantidad de tierra a sus plantaciones cafeteras. Trabajar los granos da empleo, de forma directa o indirecta a más de 8 millones de personas.

En Colombia, a pesar de que los cafetos obligan a andar entre escarpadas montañas (la infraestructura de caminos condiciona los traslados), la bebida oscura es la principal fuente de empleo rural.

Si los colombianos tienen áreas tan montañosas como cafeteras, los hawaianos poseen las laderas del volcán Mauna Loa.

La ceniza volcánica, negra capa sobre suelo rocoso, no impide que los cafetos se desarrollen.

Nubes tropicales protegen a las plantas del intenso calor. Frecuentes lluvias caen sobre la isla proporcionando la abundancia de agua que demanda el grano.

Aunque se encuentra unos pasos por detrás en materia tecnológica, Indonesia consigue igualar, incluso superar, a otras naciones productores con variedades surgidas de microclimas cálidos y húmedos.

El esfuerzo combinado de tres de sus islas (Java, Sumatra y Sulawesi) y cientos de productores (cada uno es dueño de una o dos acres de terreno cultivable, es decir, poco más de 8 mil metros cuadrados) consiguen ubicar al país en los primeros puestos de producción mundial.

Las mezclas de México se originan principalmente en plantaciones pequeñas, hay más de 100 mil de ellas. Chiapas, Veracruz y Oaxaca concentran la mayor parte de los cultivos.

Las características de estos territorios no sólo dan lugar a la obtención de café de altura con propiedades atractivas, también ubican a la nación mexicana en los primeros sitios del mercado de la bebida oscura.

A últimas fechas, tras décadas de estancamiento, Vietnam recuperó mucho terreno (influyó en ello la recuperación de la zona de Tonkín), tanto que en años recientes consiguió superar a Colombia y a Indonesia.

Sus inicios como nación productora remiten a variedades de arábica introducidas por misioneros franceses a mediados del siglo XIX.

Hoy día, de sus zonas cafeteras también brotan variedades de robusta.

Los cafetos silvestres, si bien gozan de un prestigio inobjetable, representan una mínima porción del enorme pastel que cada año surge de las labores de los cafeticultores.

No obstante, ya sea que den lugar a un La Fuente de Costa Rica, un Peaberry de Tanzania, un Liberdade de Brasil o un Malabar del monzón de la India, cafetos y cafeticultores se complementan a la perfección cuando se trata de satisfacer la ecléctica demanda del oscuro deleite en todo el mundo.

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