El comercio justo del café orgánico

Muchos productos del mercado cafetero suelen portar distintivos de café orgánico y de comercio justo. ¿Qué significan estas etiquetas? En primer lugar, contribuir a elevar la calidad de vida de quienes trabajan la tierra para hacer posible que nuestras mezclas favoritas lleguen hasta una taza de café. En segundo, no menos importante, representan respaldar la adopción de técnicas de cultivo que sean amigables con el medio ambiente. El consumidor juega un rol fundamental, tanto que de él depende que estos esquemas funcionen y se traduzcan en la obtención de una industria dirigida a brindar satisfacciones en todos los segmentos de la cadena productiva.

El comercio justo del café orgánico

Los conceptos “orgánico” y “comercio justo” son muy importantes cuando se trata de construir una sociedad con un panorama sostenible.

La buena noticia es que no son mutuamente excluyentes, en realidad, se complementan bastante bien.

Ambas parten de un mismo término: la certificación.

En el mercado actual, la certificación hecha por terceros resulta esencial, tanto para artículos ecológicos como para aquellos que enarbolan la bandera del comercio justo.

A medida que avanza el interés del consumidor hacia estas etiquetas, muchas empresas optan por adoptarlas sin modificar sus prácticas.

La industria del café aporta ejemplos de ello.

Cuando se desea adquirir grano comercializado bajo un esquema que promueva la solidaridad con los cafeticultores es bastante probable que acabe en nuestras manos un producto de "comercio justo" no certificado.

Se trata, en muchos casos, de una maniobra de mercadeo para atraer clientes sensibles a causas sociales y ambientales.

En una reciente búsqueda en amazon, que tenía por objeto revisar mezclas que ostenten el distintivo de comercio justo, se detectó que hasta nueve de cada diez resultados no estaban certificados por un actor imparcial.

Al realizar un examen más detallado, la mayoría de los empacados resultaban muy sospechosos.

Algo parecido ocurre con el distintivo del grano producido sin pesticidas, herbicidas y demás química.

¿Qué porcentaje de los productos dirigidos al segmento de los consumidores ambientalistas goza de una verificación sin sombras de duda?

Varias empresas han incorporado a sus empaques algún distintivo verde, pero sus prácticas no se han modificado en absoluto.

Sin una certificación imparcial hecha por un agente que aplique criterios objetivos, las etiquetas aquí versadas no pasan de ser membretes usados por partes interesadas en beneficiarse de la confianza que inspiran términos dirigidos a edificar una mejor sociedad.

¿Cómo evitar ser engañados?

El primer paso es mirar con atención las etiquetas de un producto.

Luego, hay que investigar en qué consiste la certificación que afirma poseer el empacado en cuestión.

Para el caso del comercio justo, Fairtrade es un sello de garantía. Las mezclas cafeteras que lo lucen cumplen propósitos como promover el desarrollo de las comunidades donde se origina el grano.

Una decisión informada ayuda a no hacerle el juego a compañías que sólo se apropian de los distintivos sin hacer nada por merecerlos.

Ser un consumidor partidario de los artículos amables con el medio ambiente implica desarrollar la capacidad para distinguir entre las etiquetas que son confiables y las que son decididamente engañosas.

El concepto de cultivo ecológico ha ganado importancia en los últimos años, de la mano de una mayor preocupación por conservar el medio ambiente.

Herbicidas, pesticidas y fertilizantes se filtran en el suelo; contaminan las aguas subterráneas; escapan de los campos y alcanzan los recursos hídricos locales.

Al talar bosques para convertirlos en áreas de cultivo, buena parte de la capa superior del suelo se erosiona y es arrastrada, por la lluvia o el viento.

Las corrientes llevan esa carga hacia corrientes de agua superficial, por ejemplo, de modo que acaban en algún lago o laguna, donde se depositan los sedimentos.

Para preservar la fertilidad de la tierra, los caficultores orgánicos cultivan su producto a la sombra.

La abundancia de ramas proporciona un hábitat a las aves migratorias, es decir, hace de las granjas cafeteras entornos amables con los pájaros.

No obstante, el concepto “orgánico” va más allá de ser cuidadoso con el medio ambiente; se extiende a proteger a los trabajadores agrícolas.

Muchos químicos utilizados en la agricultura provocan problemas de salud, entre ellos el cáncer, y el jornalero se ve expuesto repetidamente a ellos.

¿Cuántos agricultores que han trabajado para proporcionar alimentos a nuestra sociedad ahora padecen el cancerígeno mal?

Los métodos orgánicos, explican en la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación), ofrecen a los productores el incentivo de mejores precios para su cosecha.

Mayores ingresos permitan adoptar, por ejemplo, prácticas que mitiguen los daños al capital natural (la erosión), a la salud humana (intoxicaciones, alergias, cáncer, etcétera), y la disminución de la contaminación de agua, aire y suelo.

La certificación en comercio justo garantiza que los productores reciban el mejor trato posible, económicamente hablando.

El caficultor recibe una prima de comercio (x cantidad de dólares por libra cafetera) que debe invertir en infraestructura para su comunidad.

Esto significa que el dinero extra contribuye a elevar la calidad de vida de las familias en los sitios donde se cultivan los cafetos a través de acciones que mejoren la atención sanitaria y los servicios educativos.

Otra opción es emplear esa bonificación en adquirir equipo y adoptar métodos de cosecha que permitan a los agricultores competir en el mercado abierto.

El concepto también tiene un componente de protección del medio ambiente.

Cuando obtienen de la tierra café orgánico se otorga una compensación, unos céntimos de dólar, que se agregan a la tarifa de comercio justo.

Muchos agricultores del esquema que pugna por una remuneración más digna se han pasado a los métodos orgánicos.

Como parte de su compromiso, participan activamente de la restauración de los ecosistemas donde se ubican sus granjas.

No es algo que hagan a regañadientes o simplemente pensando en obtener la bonificación.

Entienden que el entorno, sea bosque o selva tropical, es su patrimonio y conviene tenerlo en condiciones óptimas.

Además, emplear técnicas amables con el ambiente evita que deban exponerse, a ellos mismos y a sus familias, a las fumigaciones tóxicas sin mermar el rendimiento de sus cosechas.

Los distintivos gozan de amplio atractivo entre quienes producen las mezclas cafeteras. Más del 80 por ciento del café con el logo de comercio justo también ha adquirido la etiqueta de producto orgánico.

Lo contrario es menos frecuente, es decir, de la totalidad de café orgánico circulando la mayor parte no se ha adscrito a los criterios del comercio justo.

Debe mencionarse que hay agricultores que contribuyen al deterioro del medio ambiente porque su condición económica es apremiante.

El concepto orgánico, si bien posee un atractivo indudable, por sí mismo no es sostenible.

Es indispensable asegurar que los cafeticultores reciban una compensación adecuada por su labor y su producto.

Del mismo modo, las familias que proporcionan artículos ecológicos de calidad merecen una seguridad económica.

El comercio justo, que no compite con lo orgánico, además de otorgar una retribución adecuada a los agricultores asegura un suministro de mezclas de calidad.

Esquemas dirigidos a facilitar la vida del cafeticultor, en especial de los que tienen apenas unas cuántas hectáreas cultivadas, también les permiten el acceso a préstamos no predatorios y reunir el capital necesario para comercializar y vender sus productos, entre otros beneficios.

Como funcionó con el café, el modelo se extendió al té, al chocolate y a ciertas frutas tropicales.

Su práctica ha arrojado resultados sorprendentes:

 

* Adopción de métodos de cultivo ecológicos y sustentables.

* Construcción, o reconstrucción, de infraestructuras comunitarias.

* Mejoras a los servicios básicos de las localidades, en especial el acceso a agua limpia.

* Mayor control de la erosión.

* Incremento del nivel de escolaridad de los hijos de los cafeticultores.

* Puesta en circulación de productos sujetos a estándares de calidad.

* Seguridad Familiar.

La próxima vez que compres café con el distintivo libre de químicos, asegúrate de que también cuenta con certificación de comercio justo.

Si es de tu interés impulsar este tipo de prácticas, solicita a la tienda donde acostumbras hacer la compra manejar, o aumentar según sea el caso, productos con los sellos y logos que mejoran la vida de quienes trabajan la tierra.

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