El efecto del café orgánico en el cafeticultor

El café orgánico y de comercio justo debe recuperar terreno perdido por causa de la contingencia sanitaria. Adquirir artículos con la certificación natural impulsa un círculo virtuoso que contribuye al desarrollo comunitario en las regiones donde crecen los cafetos. México se destaca entre los productores de café orgánico. Ocupa el primer lugar de la tabla a nivel mundial.

El efecto del café orgánico en el cafeticultor

La bonificación, incluida en el precio de venta, por producir café orgánico tiene un efecto de salvavidas en el cafeticultor.

A pesar de los millones de consumidores de deleite oscuro que existen en el mundo y de una tendencia de consumo siempre al alza, los productores de café verde padecen a causa de la caída de los precios en el mercado internacional.

El escenario actual luce deprimido, luego de cuatro años de precios internacionales a la baja y más de un año de pandemia por la COVID-19.

Sin embargo, ha comenzado una recuperación, todavía ligera, de la dinámica económica.

El café orgánico y de comercio justo debe recuperar terreno perdido por causa de la contingencia sanitaria.

Los productos obtenidos sin empleo de agroquímicos tienen a su favor que a nivel mundial hay una tendencia favorable hacia su consumo.

Adquirir artículos con la certificación natural impulsa un círculo virtuoso que contribuye al desarrollo comunitario en las regiones donde crecen los cafetos.

También incrementa las opciones de que los campesinos mejoren su infraestructura productiva.

Consumidores sensibles a los problemas de los países en vías de desarrollo constituyen el mercado del café orgánico.

Hablamos de clientes cuyo nivel de vida les permite pagar más (hasta un 20 por ciento) por un café especial.

Sin embargo, no abundan, por lo que existe el riesgo de que una oferta masiva satura ese coto solidario.

El efecto del café orgánico no sólo ayuda al cafeticultor, también al planeta.

Promueve la adopción de prácticas ligadas a una agricultura sustentable, es decir, encaminada a satisfacer las necesidades actuales sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para explotar ese modelo productivo.

Contribuye a la conservación de biodiversidad en las zonas en que se cultiva.

Obtener un producto libre de insumos bioquímicos requiere apoyo científico y técnico. Un granjero autónomo difícilmente puede aventurarse en ese redituable terreno.

En México, los principales productores de café orgánico son colectivos bien organizados.

Varios de ellos pertenecen a comunidades indígenas de los principales estados cafeteros: Chiapas, Oaxaca y Veracruz.

Unirse y trabajar en equipo les ha permitido incrementar rendimientos, reducir costos de producción, mejorar la calidad del grano y la bebida, afinar factores en las etapas de producción, beneficio y comercialización.

Todo eso se ha traducido en la posibilidad de exportar directamente a mercados de especialidad, lo que se ve reflejado en ingresos significativos.

Estados Unidos, Alemania, Holanda, Suiza, Japón, Italia, Dinamarca, España, Francia, Australia, Inglaterra y Bélgica son los países a los que llega el café orgánico extraído de suelo mexicano.

De hecho, México se destaca entre los productores de café orgánico.

Ocupa el primer lugar de la tabla a nivel mundial. Exporta alrededor de 28 mil toneladas de grano a países europeos. Perú, a mucha distancia, ocupa el segundo puesto.

Ahora que la dinámica económica muestra signos de recuperación, el café tiene excelentes opciones de recuperar el terreno perdido y seguir demostrando que es una fuente sólida de empleo rural, así como un motor para elevar el nivel de vida en las comunidades donde se origina.

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