El Norte y el Sur del café

Al Norte se ubican las potencias del mercado, los principales consumidores y la industria que transforma el grano verde en productos con valor agregado. En el Sur, los países productores, con Brasil a la cabeza, carecen de capital para detonar una infraestructura capaz de añadir valor al fruto de sus prácticas agrícolas.

El Norte y el Sur del café

A nivel mundial, el café se maneja conforme a dos puntos cardinales. El Sur lo saca de la tierra, de las plantaciones, como grano verde. El Norte toma la materia prima y la transforma con dos cosas en mente: una es el consumo interno; la otra, refinarla y convertirla en productos de exportación con alto valor agregado.

La narrativa tradicional describe al café como un producto tropical que se cultiva a lo largo del cinturón del grano (una franja ubicada entre los trópicos de Cáncer y de Capricornio).

Ese cinturón hace las veces de puente entre los países productores, sureños, y los consumidores, norteños.

El tramo inicial de la cadena de valor mundial del café -la producción agrícola, integrada por la cosecha y las actividades inmediatamente posteriores a la recogida de las semillas- pone el acento en la mano de obra, es decir, en la necesidad de trabajadores que completen las diversas tareas.

La fabricación, que deriva en la familia de productos con base cafetera puesta a disposición del público, exige capital, infraestructura industrial, tecnificación.

El comercio de los granos también es bipolar. Se realiza, principalmente, en dos mercados.

El primero es el de los productos básicos: el café a granel, con sus grandes volumenes y una calidad regular, es muy sensible a la fluctuación del precio internacional.

El segundo abarca al café de calidad especial: una producción mucho más baja, pero de calidad superlativa; el exportador obtiene mejores precios con ella.

Más del 90 por ciento (en términos de volumen) del café que se exporta es verde, dicho de otro modo, no pasa de ser una materia prima de exportación.

Procesar el café es dominio casi exclusivo de naciones industrializadas, de ingresos altos, ubicados en el Norte del globo.

La tecnificación y el valor añadido han convertido a los norteños en actores importantes del comercio internacional de la bebida negra como la noche, caliente como el invierno, dulce como el amor.

Gracias a sus capacidades productivas transforman la semilla verde en café tostado, descafeinado, soluble. Así consiguen dividendos significativos.

Las soberanías productoras, en cambio, topan con muchas dificultades que les impiden exportar café procesado.

Existen tres escollos importantes para los territorios al sur de la ecuación:

a) los aranceles que deben cubrir para ingresar en algunos mercados,

b) la fuerte competencia de marcas establecidas, y

c) retos técnicos, especialmente en los terrenos del tostado.

En síntesis, sus opciones de adicionar valor a su producto están severamente limitadas.

Así son los puntos cardinales de la bebida favorita del mundo.

De un lado, las potencias del mercado, donde se ubican los principales consumidores (los países escandinavos tienen los mayores consumos per cápita y Estados Unidos es el mercado más grande del mundo).

Cunetan con recursos suficientes para transformar el café verde, Alemania es buen ejemplo de ello, y situarse en los eslabones más elevados de la cadena mundial de valor del café.

En el extremo opuesto, los países productores, con Brasil a la cabeza, que carecen de capital para detonar una infraestructura capaz de añadir valor al fruto de sus prácticas agrícolas.

Los cafeticultores de estos destinos van de cosecha en cosecha buscando alternativas para obtener mejores ingresos, es decir, una retribución más justa por su labor.

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