Has probado un coctel de café

Cuando uno piensa en cocteles lo más común es imaginar zumos de frutas en combinación con bebidas alcohólicas. Pocas veces se nos ocurre que hay una extensa gama de ellos que tienen base cafetera. Los hay ligeros y pesados, sencillos como el frappé, complejos como el Zabaglone. Aventurarse en estos tipos de bebibles casi siempre se salda con un deseo de experimentar mezclas cada vez más audaces.

Has probado un coctel de café

Pensar en cócteles nos presenta imágenes mentales de coloridos zumos de fruta mezclados con licores fuertes y aderezados con un paraguas brillante y un trozo de piña.

Difícilmente podemos imaginar que hay una extensa gama de cócteles de café.

Si el deleite oscuro forma parte de nuestra cotidianidad, ¿por qué no romper un poco la monotonía de la taza humeante, pero conservando el estimulante efecto de la bebida favorita del mundo?

La irrupción de las cafeteras caseras dotadas con molinillo para café de grano hizo posible preparar una magnífica dosis cafeínica en cualquier cocina.

Hoy día, también significa que un universo de bebibles de alta calidad aguarda que tomemos la decisión de explorarlo.

Enseguida vienen algunas recomendaciones de probada eficacia.

Para empezar, un bebible simple, inocente, tan delicioso como refrescante, que a últimas fechas goza de ingente popularidad en Europa y Sudamérica: el frappé.

Sus ingredientes son: hielo triturado, leche azucarada y un espresso frío.

Muy apropiado para jornadas calurosas, puede ganar complejidad con la adición de una medida de brandy y otra de crema de cacao.

El resultado: una bebida excitante.

En las antípodas del sencillo frappe se ubica el decadente Capuchino Borgia.

Se obtiene al mezclar zumo de naranja, naranja recién pelada, un espresso doble oscuro, leche y helado de chocolate.

La cítrica nitidez que contiene, el amargo sabor del café de grano y la dulzura del helado se compensan entre sí convirtiendo al Borgia en una fantástica experiencia para el paladar.

Si optamos por una opción ligera, conviene intentar el Calypso Cooler.

Ésta bebida nació en el Caribe. Un par de plátanos maduros y helado de café se suman a una base cafetera, de preferencia fuerte e inexorablemente helado.

Redondear una experiencia verdaderamente caribeña exige añadir una medida de ron.

Con ese agregado, el Cooler adquiere otro nivel, uno que invita a nombrarlo empleando sólo mayúsculas: COOLER.

Puestos a experimentar, podemos intentar un café Zabaglone, o una variante que se adapte con precisión a nuestro sentido del gusto.

En su fórmula original, al interior del Zabaglone conviven marsala, azúcar, yemas de huevo, un poco de sal y una buena mezcla de café italiano.

Tras ser batidos, los ingredientes son puestos al fuego dentro de un recipiente.

Cuando vemos que la combinación se espesa, es hora de librarla de las llamas.

Gente de Nueva Orleans forjó su propia receta de Zabaglone, la cual incorporó una dosis de café (extraído de un grano que hace gala de su tostado americano) con crema, ponche de huevo y bourbon.

Hablamos de una de las bebidas populares del Mardi Gras (el carnaval de la ciudad).

Si el objetivo es disfrutar de una experiencia realmente cálida, nada como hacer cabida en el paladar para un invento escandinavo: el Cardamom Caffee.

Desde hace tiempo, ésta especia es socia del café turco, cuyas señas de identidad son un tono fuerte y un cuerpo espeso.

En realidad, es capaz de agregar un buen golpe de sabor a cualquier bebida caliente.

Para darle forma, debemos reunir coñac y curasao con azúcar y una vaina de cardamomo.

Este combinado se calienta brevemente. Luego, ya servido en una taza hay que flamearlo acercando un fósforo.

Añadimos café de filtro oscuro y fuerte y a disfrutar.

Tras poner en práctica estas ideas, es bastante común desarrollar el gusto por experimentar con ingredientes cada vez más atrevidos.

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