Historia de la expansión del café en un minuto

Los árabes quedaron cautivados con los granos de la Coffea, tanto que hicieron cuanto pudieron para evitar que se los llevaran a otras tierras. Fue hasta inicios del siglo XVII que unos viajeros holandeses evadieron la custodia que el mundo árabe tenía sobre los cafetos, se hicieron con semillas y las cultivaron en los Países Bajos. Poco después, comerciantes veneciaron hicieron lo propio. En Norteamérica, la referencia más antigua a propósito de tomar café data de 1668.

Historia de la expansión del café en un minuto

La historia del café tiene corazón de leyenda.

Relatar su origen nos traslada a una época lejana, a la provincia de Kaffa en Etiopia, donde un pastor observó que sus cabras se comportaban raro tras comer las bayas de un arbusto.

Él mismo probó aquellas cerezas y pronto transmitió su descubrimiento a la gente de la comunidad.

Llegó a esclavos que eran, en términos prácticos, mercancías. Como tales los transportaban de lo que hoy es Sudán hacia Yemen o Arabia.

Eran embarcados en un puerto llamado Moca (nombre muy ligado a la cultura de las tazas humeantes), que era la principal escala en la ruta marítima hacia La Meca.

Ellos transmitieron el hábito de masticar la judía cafetera, su parte carnosa al menos.

En Yemen existen registros de cultivos de café que datan del siglo XV.

Sin embargo, es bastante probable que mucho antes de esa época ya existieran granjas de cafetos.

Los árabes quedaron cautivados con los granos de la Coffea, tanto que hicieron cuanto pudieron para evitar que se los llevaran a otras tierras.

La Meca es la cuna de las cafeterías. Nacieron con el nombre de “kaveh kanes”. Pronto se popularizaron en todo el territorio árabe.

En esos establecimientos, además de beber café, se jugaba al ajedrez, se convivía, había música, baile, canto. De inmediato se vio que eran sitios apropiados para departir, socializar y sostener reuniones de negocios.

Cuando se volvieron puntos de reunión para grupos políticos, hubo represión. Varias veces cayó sobre ellos la prohibición de abrir puertas. Eso se terminó cuando empezaron a pagar impuestos.

Fue hasta los primeros años del siglo XVII que unos viajeros holandeses evadieron la celosa custodia que existía en torno a los cafetos, se hicieron con semillas útiles y las cultivaron en los Países Bajos.

En la segunta mitad de ese siglo, los neerlandeses introdujeron la Coffea en la India y, ya cerca del fin de la centuria, en Java (hoy Indonesia).

Las colonias de los Países Bajos se convirtieron en las grandes proveedoras de café para Europa.

Poco después de que los neerlandeses sacaran las semillas de Arabia, comerciantes veneciaron hicieron lo propio. Sin embargo, fue hasta 1683 que el primer establecimiento de café en Venecia entró en operaciones.

En Norteamérica, la referencia más antigua a propósito de tomar café data de 1668.

Fue hasta la segunda década del siglo XVIII que el café empezó a cultivarse en América.

Un militar francés llevó el arbusto etiope a Martinica. En 1726 se obtuvo la primera cosecha. Medio siglo después ya había alrededor de 18 millones de cafetos en la isla caribeña.

Si bien el primer brote se produjo por la visión de un francés, fueron holandeses quienes comenzaron a propagar la Coffea en América Central y del Sur.

Primeron en Surinam, luego en la Guyana francesa y Brasil.

Los británicos, por su parte, llevaron la planta a Jamaica, esto en 1739.

Ya en el siglo siguiente, en 1825, se plantó café por primera vez en Hawai.

Estos últimos referentes son importantes porque en los territorios jamaiquino y hawaiano se producen dos de las mezclas de grano más deliciosas que existen: Blue Mountain y Kona.

Ese es, a grandes rasgos el recorrido que siguió el café para expandir su presencia por el mundo.

Hoy día, el deleite oscuro, el segundo producto más comercializado sólo por detrás del petróleo, es un activo sumamente valioso para muchos países en vías de desarrollo.

What's Your Reaction?

like
0
dislike
0
love
0
funny
0
angry
0
sad
0
wow
0