Historia del café en un minuto

Bebidas azucaradas, jugos, vinos y licores difícilmente disputan al café el título de la bebida más popular del planeta. Si bien la sombra de los cafetos alcanza prácticamente cualquier rincón del mundo, muy poca gente conoce cuando menos los aspectos básicos de la historia del deleite oscuro. Basta con dedicar un minuto al tema para exacerbar el aroma y el sabor, con o sin complementos, que proporcionan las tazas humeantes. Según la leyenda árabe, todo comenzó cuando un pastor de cabras vio que parte de su rebaño comenzó a bailar alrededor de un arbusto...

Historia del café en un minuto

Bebidas azucaradas, jugos, vinos y licores difícilmente disputan al café el título de la bebida más popular del planeta. Entre los productos que se comercializan a nivel mundial, solamente el petróleo supera a los granos del cafeto.

Si bien la sombra de los granos con cafeína alcanza prácticamente cualquier rincón del mundo, muy poca gente conoce cuando menos los aspectos básicos de la historia del deleite oscuro.

Basta con dedicar un minuto al tema para exacerbar el aroma y el sabor, con o sin complementos, que proporcionan las tazas humeantes.

Según la leyenda árabe, todo comenzó cuando un pastor de cabras vio que parte de su rebaño comenzó a bailar alrededor de un arbusto.

La planta daba unas cerezas que el pastor nunca había probado.

Decidió que era buena idea experimentar aquel aperitivo que había puesto tan alegres a sus animales.

Al poco rato notó un efecto estimulante. Más tarde, se dio cuenta de que a pesar de haber realizado todas sus actividades diarias, no tenía sueño.

Compartió el hallazgo con su familia y pronto la cereza de aquella planta ya tenía varios adeptos.

De boca en boca y de mano en mano, aquella maravilla viajó hasta entrar en la órbita de un sacerdote.

El religioso quedó cautivado por los notorios beneficios. Decidió promover su consumo en el monasterio al que pertenecía. De ese modo, pensó, podían alargar indefinidamente sus sesiones de oración.

Luego vinieron otros eventos importantes, como el descubrimiento de que al aplicar agua caliente a los granos surgía un bebible que producía los mismos efectos y que podía disfrutarse solo o con ingredientes que le otorgaban otras dimensiones de sabor.

Sin embargo, esa es otra historia.

La andadura de las semillas, en su estado natural, comienza en el continente africano, en Etiopía para mayor precisión.

Estudios científicos con raíz botánica han determinado que el café Arábica tuvo por cuna al suelo etiope y existe consenso acerca de que la historia del pastor de cabras relata el auténtico origen del café.

De ahí, fue transportado (el medio no está claro aunque el motivo podemos asumir que fue su creciente popularidad) a Yemen.

Su siguiente parada fue La Meca, donde se fundaron las primeras casas de café. Se han encontrado evidencias de esto datadas en el siglo VI.

Cabe mencionar que para esas fechas ya no era tan consumido por los efectos estimulantes.

La gente lo buscaba simplemente porque brindaba placer al paladar, por su versatilidad y su potencial para satisfacer los sentidos del gusto más diversos.

América y Europa aman el café.

Se ha vuelto la primera opción de millones de personas cuando piensan en una bebida.

Para comprobar lo anterior basta con atender al número de cafeterías que se han abierto en las últimas décadas.

Se trata de un giro de negocios sencillamente asombroso, con una rentabilidad atractiva y un mercado siempre en aumento.

Además, es fácil comprobar que la amplia variedad de mezclas de la casa y la multitud de ingredientes con los que puede combinarse dan lugar a un número infinito de formas de consumirlo.

Para introducir orden en la cuestión, lo más conveniente es emplear las categorías más elementales, como café caliente o café helado o bebidas cafeteras con o sin sabor.

Muestra palpable de su arraigo en la cotidianidad es el café instantáneo, elemento infaltable en millones de hogares, siempre listo a responder al llamado del recipiente y el líquido caliente.

Nada mal para un producto que fue obsequiado al orbe por un grupo de cabras.

Siempre podemos beber café, salvo que exista un motivo de fuerza mayor, una orden médica por ejemplo, para no hacerlo.

Por eso, vale decir que la humanidad está obsesionada con el deleite oscuro.

No sólo está presente en millones de viviendas, sencillamente lo puedes encontrar en todas partes.

Envuelto como caramelo, en una bola de helado, con etiqueta de jarabe, dando su nota unica a la tarta, embotellado y refrigerado... la lista seguirá creciendo.

La próxima vez que tenga en sus manos una agradable taza de deleite oscuro, quizá quiera brindar en honor a un pastor de cabras cuyo nombre se perdió en el paso de los siglos.

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