Historia del capuchino en un minuto

Surgió en Viena, en el siglo XVII, y su creador fue Marco d'Aviano, un monje capuchino. Sin embargo, fue en Italia, a principios del siglo XX que se inventó la forma moderna de prepararlo, esa que hoy puede disfrutarse en cualquier continente. La influencia del capuchino es tal que han surgido métodos de preparación de lo más diversos y una larga lista de sabores. Además, el gusto por este bebible se expandió hacia el extremo gélido del termómetro.

Historia del capuchino en un minuto

El capuchino, una de las combinaciones de espresso y leche caliente más armoniosas, es uno de los rostros favoritos del café.

Ya acumula varios siglos de popularidad. Los orígenes de la bebida se remontan al siglo XVII.

Surgió en Viena, una de las principales capitales europeas en esa época y su creador fue Marco d'Aviano, un monje de la orden de los Capuchinos que era confidente del emperador austríaco Leopoldo I.

Sucedió que un día, d'Aviano se preparó un café demasiado fuerte para su gusto,

Decidido a rebajar la intensidad de la bebida, agregó leche, crema y miel a la taza humeante.

La combinación de elementos dio lugar a una bebida cuyo color era similar al del hábito de su orden.

Como el resultado fue ampliamente satisfactorio, el monje se entusiasmó y compartió su descubrimiento con quien quiso oírlo.

La deliciosa novedad no defraudó, es más, ganó adeptos con rapidez. La lista de ingredientes pasó de boca en boca y la preparación fue extendiendo su deliciosa sombra por aquí y por allá.

Un testimonio por escrito de esa fama es una receta para “kapuzinerkaffe” publicada por Wilhelm Tissot en Viena en 1790.

El capuchino se ha transformado mucho desde su aparición en la cocina de d'Aviano.

Para el siglo XX, en su ciudad natal, se usaba ese nombre para designar a un café con un poco de leche.

Fue en Italia donde se gestó la versión moderna del bebible, ese que hoy puede disfrutarse en cualquier continente.

Y es que en la bota de Europa se adaptó el modo de preparación al uso de maquinas de espresso, el tipo de bebida más apreciado por los amantes del deleite oscuro.

Con el uso de los aparatos italianos, la espuma se convirtió en otra de las señas de identidad de la bebida de origen vienés.

La influencia del capuchino es tal que han surgido métodos de preparación de lo más diversos.

Una de sus varientes más famosas hoy día es la que reclama la presencia de tercios: uno de espresso, otro de leche y uno más de espuma.

Además, la invención de d'Aviano se ha convertido en referente de quienes gustan de experimentar no sólo con la bebida en sí, también con la forma en que es presentada, baristas que cultivan el arte del latte.

Y es que este rostro del llamado vino de los granos se transforma con facilidad, y cada novedad suma adeptos a la causa de las tazas humeantes.

Hace unos años se afianzó, por ejemplo, la presencia de los capuchinos de sabores.

Son preparados que agregan alguna nota de amaranto, avellana, caramelo, vainilla, chocolate y una larga lista de opciones a la base tradicional de café y leche.

Otra opción de suyo atractiva, que ha expandido la deliciosa sombra con leche y espuma hacia el gélido extremo del termómetro, es el capuchino frío.

La versatilidad de este bebible es tal que bien puede afirmarse lo siguiente: hay un capuchino para cada paladar. Eso debería basta para explicar porque goza de una inmensa popularidad.

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