Historia del espresso

Para entrar en calor por las mañanas difícilmente hallarás mejor estimulante que una taza de café. De entre las opciones disponibles, una de gusto perdurable, eficacia probada y favorita de muchos recibe el nombre de Espresso. La sensación que produce es sencillamente genial. No por nada se trata de uno de los tipos de café más famosos a lo largo y ancho del planeta. Además de formar parte de la cotidianidad de muchas personas, se trata de un elemento destacado de la cultura de las tazas humeantes. ¿De qué hablamos cuando hablamos de un espresso? Comencemos con una descripción básica: se trata de una bebida con fuerte carga cafetera, de sabor acentuado.

Historia del espresso

Cuando sales de cama para iniciar un nuevo día y te introduces en la fresca mañana, difícilmente hallarás mejor forma de entrar en calor que una estimulante taza de café.

De entre las opciones disponibles, una de gusto perdurable, eficacia probada y favorita de muchos recibe el nombre de Espresso.

La sensación que produce en el organismo es sencillamente genial.

No por nada se trata de uno de los tipos de café más famosos a lo largo y ancho del planeta.

Forma parte de la cotidianidad de muchas personas y ha ganado el título de elemento icónico de la cultura de las tazas humeantes.

Pero, ¿de qué hablamos cuando hablamos de un espresso?

Conocer sus características y una pizca de su historia agrega otra dimensión placentera a esta forma de encender nuestro organismo.

El espresso es una bebida de fuerte carga cafetera y sabor acentuado.

Para prepararlo, agua caliente, sometida a una alta presión, pasa a través de los granos de café finamente molidos extrayendo sus atributos.

Ante el ojo surge una bebida de color marrón oscuro coronada por espuma del mismo color aunque más cargado hacia un tono rojizo.

Se sirve en porciones pequeñas (incluso cuando es doble).

El sabor robusto y la consistencia espesa son credenciales que distinguen al espresso de otros cafés de goteo.

Muchos amantes de esta dosis cafetera piden, junto a su espresso, simple o doble, un vaso de agua para relajar la potente presencia que sujeta el paladar.

Por esa fortísima cualidad, el espresso directo, servido sin leche o edulcorante, suele ser considerado como un gusto adquirido.

En Estados Unidos recibe el tratamiento de un "shot" de bebida oscura.

 

HISTORIA

Revisar su origen nos transporta a principios del siglo XX, hasta el taller del milanés Luigi Bezzera (“espresso” es una palabra italiana que significa rápido).

En 1901, Bezzera inventó una cafetera dotada con cuatro compartimentos y una caldera.

Esta máquina aplicaba presión al paso de agua hirviendo por los granos de café (para la extracción de sus aceites) y depositaba el líquido resultante en un recipiente.

A la invención de ese proceso, que fue patentado, se le considera el punto de partida del espresso.

Desiderio Pavoni compró, en 1903, la patente de Bezzera.

Su compañía comenzó a desarrollar máquinas basabas en el sistema del milanés que adquirieron inmensa fama. Las Pavonas, como eran conocidas, dieron el salto a América en 1927.

No obstante, los resultados que se bebían no eran los ideales.

El vapor a presión aplicado a los granos dejaba en el gusto sabor a café quemado.

En 1938, Antonio Cremonesi, un técnico del ramo cafetero, construyó una bomba de pistón que afinó la extracción de la bebida oscura al prescindir de la vaporización de una pavona.

Su mejora fue introducida en las cafeteras del negocio de Achille Gaggia.

Durante la Segunda Guerra Mundial, una bomba destruyó las máquinas fruto de la colaboración entre Gaggia y Cremonesi.

El conflicto bélico obstaculizó el desarrollo de las máquinas de espresso.

Cuando la lucha armada llegó a su fin, Gaggia inició un proyecto que se vio materializado con una innovadora bomba de pistón.

Así nació una cafetera para espressos que usaba una palanca de resorte.

En ella, el café podía ser presurizado con completa independencia de la caldera (los modelos previos solían emplear la fuerza de la presión de la caldera para lograr que el agua extajera los aceites de los granos).

Esta máquina produjo el sello distintivo del espresso: la crema que corona su parte superior.

En 1961, Faema mejoró el proceso de Gaggia al desarrollar una bomba eléctrica.

Tal contribución marca el inicio de la extracción de café a través de bombas que allanó el camino de las máquinas de espresso modernas.

Con esos antecedentes puede concluirse fácilmente que al disfrutar cada mañana de un espresso, simple o doble, también se disfruta de un producto refinado del ingenio humano.

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