La cafeína en la dieta

No existe ninguna necesidad nutricional de beber café. Sin embargo, el consumidor responsable dedica tiempo a indagar qué aporta un producto a su dieta y cuáles son sus riesgos potenciales, sobre todo cuando contiene cafeína. Institutos de salud señalan que consumir más de 1 mil 200 miligramos del mencionado alcaloide en un periodo corto de tiempo llega a provocar convulsiones. La FDA ha establecido que ingerir 400 miligramos al día, entre cuatro o cinco tazas, no conlleva efectos que perjudiquen el bienestar de forma significativa. La tolerancia a la sustancia cafeínica depende de factores como el peso, de si uno está en tratamiento o la sensibilidad individual.

La cafeína en la dieta

Para muchas personas (me incluyo entre ellas), las palabras “café”, “cafeína” son sinónimos de “despertar”.

En ocasiones, dejar la cama es una tarea demasiado complicada, incluso una proeza.

A través del café, la cafeína me ayuda a superar ese primer reto de la jornada.

Doy unos tragos a la bebida oscura y mi sistema nervioso comienza a carburar. El único inconveniente, uno que tardará unas horas en manifestarse, es el efecto diurético.

La cafeína no se acumula en el torrente sanguíneo y el organismo no la almacena, es absorbida sin dificultades y apenas tarda en estimular el cerebro.

Desde una óptica estrictamente alimenticia, no tengo ninguna necesidad nutricional de beber café. Es decir, podría evitar su consumo (con alguna manifestación de síndrome de abstinencia cafeínica) si así lo deseara.

Soy un firme partidario de las tazas humeantes porque espantan la fatiga y alejan de mí a la somnolencia.

Estoy al tanto de los posibles efectos que la cafeína produce en el organismo: desde alterar la frecuencia cardíaca y generar ansiedad, hasta la dificultad para dormir.

A la fecha, no he sufrido otras manifestaciones asociadas a su consumo. Hablo de náuseas, vómito, temblores,

Sí he padecido, en cambio, síntomas asociados a la abstinencia: irritabilidad y dolores de cabeza.

Comprendo que la ingesta excesiva de cafeína puede alterar la absorción de calcio y provocar el adelgazamiento de los huesos.

Institutos de salud señalan que el ingreso de más de 1 mil 200 miligramos de cafeína en un periodo corto de tiempo llega a provocar convulsiones.

No sería un consumidor responsable si me limitara a indagar sobre las bondades de un producto que me fascina.

Por eso comparto información con quienes comparten el hábito cafetero y recomiendo limitar la ingesta a quienes me revelan que son propensos al estrés o sufren problemas de sueño.

El mismo consejo aplica para aquellos que padecen reflujo de ácido y úlceras gástricas, o padecen problemas de ritmo cardíaco, o arrojan una presión alta en sus revisiones, o son víctimas frecuentes de dolor de cabeza.

Muchas autoridades sanitarias dan el visto bueno a la bebida oscuro como integrante de una dieta saludable.

Sin embargo, uno no debe confiarse de cualquier informe que atribuye lo publicado a una fuente médica.

Recientemente circuló en la Internet que el café podía ayudar en el tratamiento de la COVID-19.

Era falsa.

De hecho, una de las recomendaciones en boga por causa de la pandemia es moderar el consumo por su efecto diurético.

Cuando el sistema inmune no tiene a mano suficientes líquidos, batalla más para combatir agentes nocivos.

Según la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA por sus siglas en inglés) la cafeína la mayoría de la gente puede beber deleite oscuro sin que eso le produzca efectos indeseados.

No obstante, ingerir demasiada pone en peligro la salud.

Esto depende de factores como el peso, de si uno está en tratamiento, la sensibilidad individual.

En síntesis, la cantidad de cafeína que toleran las personas varía de un organismo a otro.

Para concluir, les transmito las dosis estándar del alcaloide que contiene una taza humeante.

La de ocho onzas de café (236 mililitros) carga entre 80 y 100 miligramos.

El descafeinado no está libre del compuesto, en él hay entre 2 y 15 miligramos por cada taza de ocho onzas.

La FDA ha establecido que ingerir 400 miligramos al día, entre cuatro o cinco tazas, no conlleva efectos que perjudiquen el bienestar en demasía.

Sabiendo este tipo de cosas, mis citas mañaneras con el estimulante líquido están lejos de terminar.

Foto de Maggie Jaszowska de Unsplash

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