Los coyotes del café

Que el café despliegue todo su potencial para mejorar el nivel de vida de los cafeticultores exige establecer un modelo de relación comercial directa, y solidaria de preferencia, entre productores y clientes finales. Un esquema así afectaría a los coyotes. Ellos llegan a una comunidad, compran baratas las bayas, acaparan todo el grano que pueden y se lo llevan a donde les paguen más por él. Método eficaz contra el intermediarismo es que los productores se organicen y unan fuerzas.

Los coyotes del café

El café, como varios productos agrícolas, suele ser blanco del intermediarismo, mejor conocido por el nombre que suelen recibir sus representantes, los llamados coyotes.

¿Cómo funciona esto?

En términos simples, agricultores en pequeño venden su producto, a un precio inferior al que marca el mercado internacional, a un intermediario comercial, el coyote.

Que el café despliegue todo su potencial para mejorar el nivel de vida de los cafeticultores exige establecer un modelo de relación comercial directa, y solidaria de preferencia, entre productores y clientes finales.

Un esquema así, desde luego, afectaría a los coyotes.

La forma de proceder de los intermediarios es bastante sencilla: llegan a una comunidad, compran baratas las bayas, acaparan todo el grano que pueden y se lo llevan a donde les paguen más por él.

Muchos campesinos aceptan las ofertas de estos actores económicos porque no consiguen vender el fruto de su labor por ellos mismos. En muchos casos carecen de forma de trasladarlo o no disponen de equipo para beneficiar las semillas cafeteras.

A decir verdad, aunque el precio del café en el mercado internacional ande por los cielos, no hay ninguna garantía de que el productor obtenga una ganancia acorde a ese referente por sus kilos de judías.

El intermediario domina la tarea de comprar y vender, tanto que la ejecuta con más eficiencia que los productores, muchos de los cuales solamente se especializan en el proceso productivo.

No es inusual que el coyote otorgue créditos a los agricultores fijando un precio de compra bajo por la cosecha. Posteriormente, cierra tratos para trasladar el grano a sitios donde obtiene buenos dividendos a costa de confinar al productor primario a ganancias de subsistencia.

Una perspectiva amable del asunto percibe a los coyotes como agentes económicos que realizan una actividad comercial y como un puente, a veces necesario, entre las necesidades de comercialización de los campesinos y las últimas etapas de la cadena productiva, esas que llevan al producto a los anaqueles.

Sin embargo, con su forma de operar, el intermediarismo contribuye a afianzar la desigualdad económica que mantiene al productor en una precaria condición.

El único método que ha probado ser eficaz contra el intermediarismo es que los productores se organicen y unan fuerzas.

Sólo en sociedad los cafeticultores son capaces de desarrollar competencias que les permiten apropiarse de porciones de la riqueza generada en los eslabones posteriores de la cadena de valor, es decir, los más cercanos al cliente final.

Los pequeños productores, cada uno por su cuenta, no pueden con todo el paquete, uno que abarca muestrear, limpiar, clasificar, vender los lotes cafeteros y alistarlos para la exportación, entre otras tareas.

Cuando se integran en empresas sociales, en cambio, reparten los costos de afrontar las tareas de acopiar, procesar y exportar el café.

Un beneficio de este tipo de sociedades es que son los propios productores quienes determinan cómo habrán de disponer de sus cosechas.

Si a esa fórmula en equipo agregamos apoyos gubernamentales o de organismos que impulsen a los cafeticultores hacia un mayor calidad de vida (como los promotores del certificado de Comercio Justo), el deleite oscuro cumple mejor su función social de dar sustento a millones de personas.

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