Los desafíos del café a nivel mundial

El primer desafío que enfrenta el café a nivel mundial es revertir los perjuicios causados por la pandemia de COVID-19. El cambio climático y la vuelta del proteccionismo son otros retos de consideración. El reclamo de un mercado justo es la voz de batalla de países productores, los eslabones de la cadena mundial que reciben menos beneficios de la gran maquinaria de riqueza del café.

Los desafíos del café a nivel mundial

El primer desafío que enfrenta el café a nivel mundial es revertir los perjuicios causados por la pandemia de COVID-19.

La enfermedad trastornó al mundo y agudizó la mala situación de países productores que ya venían siendo afectados por los precios bajos desde 2016.

No sólo acarreó perturbaciones en la cadena de suministro, también influyó en la demanda mundial de la bebida favorita del mundo, con perdón de las bebidas azucaradas y los alcoholes.

El cambio climático y la vuelta del proteccionismo son otros retos de consideración.

El primero amenaza con reducir de forma sustancial la superficie cultivable y con alterar las condiciones (temperatura, lluvia, etcétera) que los cafetos necesitan para desarrollarse.

Las políticas proteccionistas, en cambio, son un freno para la expansión de la cadena mundial de valor del café que reduce la generación de beneficios económicos y, por tanto, la redistribución de los ingresos.

El café es un mercado que mueve más de 200 mil millones de dólares al año.

Si bien el número de consumidores crece de forma constante, generando oportunidades económicas para los productores y los actores de los eslabones más altos de la cadena de valor, los bajos precios internacionales de los granos registrados desde 2016 han hecho que millones de granjas de cafeticultores en países de ingresos bajos y medios estén en condiciones cada vez más vulnerables.

Con incrementos en los costos de insumos y la intensiva mano de obra que exigen las plantaciones, los ingresos resultan insuficientes para cubrir los costos de producción y de vida, es decir, se menguan las opciones de tener un ingreso digno.

Como el ingreso está lejos de ser óptimo sus opciones de invertir en sus tierras, en conceptos como mantenimiento, replantación y modernización son prácticamente nulas.

Permanecen estancados, sin posibilidad alguna de subir eslabones en la cadena de valor porque no acumulan capital para invertir en infraestructura (pensando en industrializar su producto), diseñar una marca atractiva o emprender campañas de mercadeo.

En síntesis, no pueden acceder a una mayor porción de la riqueza que genera el llamado vino de los granos.

Mientras las grandes marcas siguen a la conquista de mercados, afinan procesos para reducir sus costos y mejorar sus indicadores de eficiencia, los pequeños cafeticultores se mantienen sin poder acceder a oportunidades de incrementar su nivel de vida y el de sus familias.

El reclamo de un mercado justo es la voz de batalla de países productores, los eslabones de la cadena mundial que reciben menos beneficios de la gran maquinaria de riqueza del café.

La caficultura es una actividad con impacto multidireccional, no sólo incide en la economía de hogares y países, a través de los empleos y los ingresos que genera, también tiene componentes históricos, culturales e identitarios destacados.

Los desafíos exigen dar respuesta desde una perspectiva que satisfaga no sólo a los consumidores y a los actores de los eslabones más elevados de la cadena de valor, también a los agricultores que se encargan de darle al mundo la materia prima de su bebida favorita.

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