¿Qué tan bien preparas el café?

Obtener una excelente taza de café exige algo más que bañar en agua caliente los granos cafeteros de nuestro agrado. Interesarse en la cuestión nos ahorra más de un trago desafortunado. Antes de abordar la tarea de preparar deleite oscuro, debemos tener en mente aspectos esenciales como utilizar agua fresca, precalentar la cafetera o tener grano molido con el grosor que combina mejor con nuestro equipo. Cuando alguien dice que puede usarse cualquier granulado en una percoladora, una cafetera italiana o una máquina de espresso, es nuestro deber decirle que se equivoca.

¿Qué tan bien preparas el café?

Preparar una excelente taza de café es tan fácil o tan difícil como alcanzar la sabiduría. Si la tarea consistiera en algo tan simple como bañar en agua caliente los granos cafeteros de nuestro agrado nos ahorraríamos más de un trago desafortunado.

El deleite oscuro de alta calidad, categoría que descarta a los instantáneos y los bebibles obtenidos a partir de granos defectuosos o viejos, exige de nosotros pericia, conocimiento, sensibilidad. En suma, hacer las cosas bien.

Utilizar agua fresca es lo primero.

Evitemos el líquido precalentado o procedente del grifo, sobre todo si la tubería de nuestra conexión al suministro es muy vieja o si en la zona donde nos ubicamos abunda el agua altamente clorada o dura.

Los mejores resultados, una infusión perfectamente deliciosa, se obtienen al emplear agua filtrada o embotellada.

La temperatura del líquido afecta, de forma crítica, el producto final. Lo ideal es que se ubique en el rango de 90 a los 96 grados centígrados (entre 195 y 205 grados fahrenheit).

Si el termómetro va más allá, hasta el punto de ebullición, el café se quema y ofrece un sabor demasiado amargo.

Lo opuesto tampoco funciona. El agua fría no es capaz de extraer con eficiencia las maravillosas propiedades y atributos de los granos; la bebida no tendrá ni siquiera el color correcto y ofrecerá al paladar una experiencia digna de olvido.

Preparar la cafetera es otro detalle que debemos tener presente. ¿Cómo hacemos esto? Calentando el agua aparte, en la estufa por ejemplo, y dejando que hierva un minuto.

Ya que esté lista, la echamos en el depósito del aparato que infusiona el molido. De ser posible, hay que agitar el equipo un poco para que la entrada en calor sea más uniforme. Cumplido el trámite, encendemos el artefacto.

El bebible salido de las cafeteras de goteo se beneficia mucho de este paso previo ya que acentúa tanto el sabor como el aroma de la mezcla, lo que se traduce como una taza humeante de mejor calidad.

Retrocedamos un poco para abordar otro aspecto esencial: emplear el molido que combina mejor con nuestro aparato.

Si alguien nos dice que podemos usar cualquier granulado en una percoladora, una cafetera italiana o una máquina de espresso, se equivoca.

Conviene saber que la molienda de los granos debe dar lugar a un polvillo más fino o más grueso dependiendo del equipo que vamos a emplear. Esto aplica lo mismo si trituramos los granos en la comodidad del hogar o si pedimos que lo reduzcan en la tienda donde surtimos el producto.

La prensa francesa, por ejemplo, exige un molido medio o grueso, el cual se obtiene al dejar las semillas en el molino manual unos diez segundos. En artefactos eléctricos y de goteo el proceso para obtener el molido medio demora de quince a veinte segundos.

Hoy día, gracias a los anaqueles virtuales, comprar un molinillo de cuchillas a buen precio es relativamente sencillo.

Estos saberes, una vez dominados, nos recompensan con una taza de café perfecta.

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