Sostenibilidad del cafetal como negocio

Implementar prácticas sostenibles en los cafetales es una mejora del negocio que protege al cafeticultor ante caídas del precio del café, contingencias sanitarias y una larga lista de factores que afectan sus ingresos. Para que rindan frutos deben ser vistas como una estrategia de negocios a mediano y largo plazo. Sus bondades están comprobadas.

Sostenibilidad del cafetal como negocio

En un contexto de precios bajos y alta competencia, panorama deprimido y agudizado por la pandemia de coronavirus, es desebable que los productores de café de naciones como México reciban apoyos para trabajar hacia la adopción de prácticas sostenibles.

La sostenibilidad implica tomar decisiones que, en el largo plazo, elevarán la productividad y la competitividad de los cafetales.

Es evidente que el precio del café juega un papel clave a la hora de garantizar la sostenibilidad económica de los agricultores.

De él depende que se generen recursos para absorber los costos ambientales y sociales de las plantaciones, así como las opciones de implementar procedimientos más eficientes y amables con el entorno, que redundan en la obtención de un producto de mayor calidad.

Sin embargo, por las fluctuaciones y coyunturas (especialmente las negativas, como la ya citada pandemia) del precio internacional, se requiere que su aporte a la cotidianidad de los cafeticultores sea complementado con otros mecanismos.

Una estrategia complementaria que ha arrojado buenos dividendos en destinos tan ligados al café como Colombia es percibir a las buenas prácticas agrícolas como una estrategia de negocio.

Cuando mejoran sus procedimientos para la generación de las semillas cafeteras, los productores son menos afectados por caídas del precio, contingencias globales y deficiencias en su desempeño productivo.

Algunos ejemplos de esta perspectiva son:

a) sembrar árboles en las plantaciones,

b) adoptar cultivos complementarios que aporten a la seguridad alimentaria y la diversificación del ingreso del agricultor, y

c) favorecer las actividades de conservación de suelos que mejoren la productividad y eficiencia de los sistemas biológicos.

En el terreno de las prácticas sociales se recomiendan acciones como mejorar la vinculación laboral de quienes trabajan en las plantaciones e incrementar las medidas para garantizar su seguridad física.

Como puede inferirse, hablamos de habilitar mecanismos que favorezcan la productividad y motiven a los trabajadores, y al cafeticultor y su familia, para que todos contribuyan al crecimiento de la empresa.

Cuando las buenas prácticas se instalan sólo por cumplir con los requerimientos del mercado, suelen ser mal implementadas.

Básicamente, su potencial en el mediano y largo plazo es desaprovechado.

Se dan casos de fincas que, por un lado, aumentan su productividad y, por el otro, no disminuyen sus costos de producción.

Dirigirse hacia la sostenibilidad es un proceso que debe asumirse con responsabilidad y disciplina de largo plazo.

De otro modo, el impacto de las inversiones que se hagan no será el óptimo.

Otro aspecto a descatar es que integrar a productores y actores comerciales, sumarlos en la adopción de compromisos de compra duraderos, resulta clave para marcar diferencia.

Está comprobado que las medidas aquí expuestas mejoran la productividad de las plantaciones cafeteras.

No obstante, para garantizar los resultados idóneos, las inversiones en fincas deben definirse y ejecutarse desde la óptica de cumplir estándares de calidad elevados.

Lo otro, la mejora de la relación costo-beneficio y los diversos beneficios para el productor llegarán por esa vía.

Foto de Delightin Dee en Unsplash

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https://javatimescaffe.com/blog/cafe-a-la-sombra-cafe-ambiental

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