Una taza de café llena de historias

Sin exagerar, cientos de millones de historias se reúnen en una sola taza de café. Al alcance, sin embargo, sólo suelen estar unas pocas escenas que hemos vivido o de las que nos hemos enterado. El deleite oscuro está ligado a emociones tan fuertes como el amor y a un flujo de efectivo interminable. Esos dos acompañantes bastan para profetizar que se mantendrá como parte de nuestra cotidianidad durante muchos, muchos siglos. De cuna humilde, los granos del cafeto se han convertido en un emporio omnipresente.

Una taza de café llena de historias

El café forma parte, sin exageración alguna, de millones de historias. Si hablamos solamente de relaciones de pareja, ha sido testigo de innumerables rupturas y de infinitos principios.

¿A qué se debe esto? No sólo está enraizado a nuestra cotidianidad, una industria masiva gira en torno a él garantizando su omniprescencia.

Cálido, oscuro y aromático, el fluido cafetero atrae a un gran número de personas a sus templos, cafeterías en las que ocurren encuentros y desencuentros.

Esto desde luego, es resultado del refinamiento y masificación de su consumo a lo largo de varios siglos.

Los inicios de las tazas humeantes fueron humildes.

Existen varias leyendas acerca del origen de la que hoy día es la bebida favorita del mundo.

Una que goza de cierto consenso fija su nacimiento en el año 500 antes de Cristo en el continente negro, en el territorio de la actual Etiopía.

El relato incluye a un pastor, a un rebaño de cabras y a un arbusto que daba unas cerezas con propiedades extraordinarias.

Tan estimulantes efectos causaron admiración. Aquellos frutos pasaron de mano en mano y acabaron en manos de viajeros que los llevaron a la península arábiga.

En Arabia, la misteriosa y sabrosa bebida fue bautizada con el nombre de “qahwah”, trasladada a otro idioma del mapa mundial como “café”.

Su producción en masa, distribución y comercialización fueron actividades que tomaron cuerpo durante el Renacimiento.

Ya para el siglo XVIII, Oriente Medio, Europa, América del Norte y del Sur y Asia habían sido seducidos, a todos los niveles, por el “vino de los granos” (significado de su nombre árabe).

A lo largo de su historia se le han atribuido diversas propiedades salutíferas y hasta la capacidad de obrar milagros.

Por ejemplo, en un tiempo se dijo que si un varón consumía café antes de tener relaciones íntimas, sus espermatozoides ganaban velocidad y resistencia, lo que se veía traducido en mayor fertilidad.

Desde hace tiempo sabemos que el deleite oscuro es una fuente de energía y estimulación, no un afrodisiaco propiamente dicho, gracias a la cafeína.

Más recientes es la conclusión de un estudio hecho por la Universidad de Harvard a partir de información recabada a lo largo de dos décadas: el café puede ayudar a reducir el riesgo de padecer diabetes.

Otras investigaciones hallaron una correspondencia entre el consumo de tazas humeantes y una menor probabilidad de sufrir cirrosis hepática así como un efecto benéfico que reduce la intensidad de los ataques asmáticos.

Ya está ampliamente demostrada la acción antioxidante de la infusión y, aunque todavía no se sabe a ciencia cierta, existen indicios de que ayuda a la salud del corazón (el debate a ese respecto continúa).

Otra faceta comprobada es su habilidad diurética (personalmente, no estoy de acuerdo con ello).

En el reservorio de investigaciones también hay evidencias de que produce aumento de la presión arterial, insomnio, dolores estomacales y problemas en el sistema nervioso. Incluso se maneja que tiene cualidades para competir en el mercado de los insecticidas.

Si bien son muchos los atributos y defectos conocidos, todavía se ignora mucho del café. Miles de sustancias están presentes en los granos y la mayoría permanecen en calidad de desconocidas.

No hay que ser un profeta para advertir que, salvo catástrofe, el café acompañará a la humanidad durante mucho, mucho tiempo.

Ha conseguido ubicarse como el segundo producto más comercializado a nivel mundial, sólo superado por el petróleo.

Eso dice mucho sobre su rol en la economía de decenas de países.

El "oro negro", es cada vez más popular.

Cada año se beben más de 400 mil millones de dosis cafeteras y es motivo de negociación en las bolsas de valores más importantes del mundo, incluidas las de Nueva York, Londres, Lima y Hong Kong.

A esas referencias que involucran grandes volúmenes de grano hay que agregar las transacciones minúsculas, a detalle, que involucran, además de las infusiones listas para degustar, granos, tostadores, molinillos, tazas y máquinas de café.

El futuro del negocio cafetero está garantizado.

Si bien tanto su producción como su consumo disminuyeron a la sombra de la COVID-19, el lugar que ocupan las semillas del cafeto en la canasta básica no corre riesgo alguno y ya se observa un repunte en las operaciones minoristas.

Uno de los mejores signos del mercado cafetero lo conforman las tiendas especializadas en deleite oscuro: se dedican única y exclusivamente a fomentar y nutrir una cultura del café.

Otro es el enorme mercado de periféricos. No sólo puedes comprar infinidad de mezclas de granos, también es ingente la cantidad de cafeteras disponibles para el interesado.

Los auténticos devotos van más lejos. Se hacen con su propio tostador y molinillo y convierten parte de la cocina en un laboratorio del que surgen cafés simples, rectos, dobles, largos, o bien un espresso, un capuchino, un latte, un vienés.

Probar distintas fórmulas abre la puerta a complementos como leche y azúcar, a ingredientes como jarabes y especias. El espectro de sabores es tan amplio como el de los vinos.

Asociado como está a sentimientos tan fuertes como el amor y al flujo constante de efectivo, no es de extrañar que el café acompañará a la humanidad por los siglos de los siglos.

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